Escribir, una forma de conectarnos con nosotros mismos

Escribir, una forma de conectarnos con nosotros mismos

Cuando estamos relajados, y con menos estimulación exterior, nuestra mente fluye. Y con ella surgen también las tensiones internas y las preocupaciones. Quizás no lo sepamos, pero estamos haciendo un ejercicio de introspección. Usualmente nuestro foco está más en el exterior que en el interior, no estamos acostumbrados a tomarnos el tiempo necesario para conectarnos con nuestras emociones. La sociedad actual juega con la estimulación continua, no nos deja tiempo para pensar. Podemos negarlo pero, queramos o no, la mayoría de las decisiones que tomamos son impulsivas; nuestra parte consciente solo se dedica a justificar esa decisión a posteriori.

Cuando no sabemos navegar en nuestro ser más profundo, lo más seguro es que nos ahoguemos en nosotros mismos. Le tenemos miedo a nuestro interior, no sabemos qué se puede esconder allí. De vez en cuando se forman nudos, sus voces son muy sutiles y con no prestar atención salimos del paso. Pero puede que lleguen a un punto en el que esas tensiones no susurren sino griten, y es en ese preciso momento cuando nos «damos cuenta» que tenemos un gran embrollo dentro y no sabemos cómo desenredarlo.

Un remedio rápido: la escritura.

Existen muchas soluciones para liberarnos sanamente de las preocupaciones cotidianas: Yoga, Pilates, técnicas de mindfulness, pero hay una alternativa creativa: la escritura como terapia.

No hace falta alcanzar la perfección gramatical para practicarlo, la propia habilidad de escribir se puede ir entrenando y educando con el tiempo. La finalidad no es escribir una novela, sino expresar tu mundo interior a través de la palabra escrita. Tal vez sea un hábito difícil de comenzar, requiere esfuerzo y concentración, pero es como ir al gimnasio: los primeros días duele el cuerpo, pero progresivamente te acostumbras al ejercicio y lo echas de menos el día que no lo haces.

A través de la escritura:

  • Ordenamos nuestros pensamientos.
  • Descubrimos conflictos internos.
  • Podemos analizar la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.
  • Podemos desarrollar la capacidad de analizar la utilidad de nuestros actos y palabras,  nuestra motivación: por ejemplo, ¿Lo que digo es cierto? ¿Es necesario? ¿Es bueno?
  • Desarrollamos la autoconciencia y el autoconocimiento.
  • Nos permitimos desahogarnos.
  • Podemos ver nuestro mundo interno desde una perspectiva más externa y neutral.

Cuatro formas de utilizar la escritura como terapia.

Modelo esquemático

Primero: escribe el suceso que te preocupa de forma «objetiva»; es decir, centrándote en lo que pasó y no en lo que pensaste que pasó. Segundo: habla de lo que piensas sobre ello y escribe lo que sientes al pensar eso mismo. Finalmente: explica qué consecuencias trae para ti es suceso o qué piensas hacer al respecto.

Modelo para comunicarnos con los demás

Es muy útil si no sabes cómo decirle algo a alguien. Es un modelo propuesto por Allan y Bárbara Peace para comunicarnos mejor con los demás de cara a dar malas noticias o expresar cosas que nos molestan. La clave está en seguir un diario: recoge a lo largo de la semana algunas sucesos que hayan sido significativos.

El modelo de la tercera persona

Consiste en expresarte en tercera persona, ya sea hablando sobre cualquier problema u otra cosa. De hecho puedes probar escribir una solución positiva a ese problema como si aconsejaras a otro sobre ello.

El modelo creativo

Es una técnica más reflexiva y trabaja con metáforas para hacer una narrativa creativa. Suelen utilizarla mucho los amantes de la poesía. Requiere cierto nivel de gramática y a veces es difícil encontrar símbolos que representen nuestros sentimientos.

 

Podemos expresaros tanto de forma analógica (escribiendo en papel) como de forma digital, a través de un blog, por ejemplo. No hay que perder de vista que buscamos un fin terapéutico en la escritura. Escribimos para sentirnos mejor.

 

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